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En manos de “Trump-osos” y populistas, lo que no quisimos ver

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La victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas ha venido a sacudir los cimientos de medio mundo. ¡Menuda sorpresa!, se proclama en medios de comunicación, tertulias y comentarios en familias y trabajo, como si no hubiéramos estado sobre-aviso de que era posible que ocurriera, con múltiples señales y datos que así lo avalaban. Pero ya se sabe, no hay más ciego que el que no quiere ver, y nuestros dirigentes políticos y empresariales no quisieron ver.

La victoria de Trump ha venido venido a certificar una verdad incómoda, el siglo XXI no fue solo un cambio de siglo para el calendario, sino que ha supuesto un cambio de era que ha removido los cimientos y premisas, sobre los que se sustentaban las sociedades del s.XX, tanto en el terreno de la seguridad, como en el de la economía y las finanzas o en la sociedad, la política y las instituciones.

El fin de la seguridad de Occidente. Los atentados del 11-S en los EEUU, la guerra de Irak, la expansión de Al Qaeda y posteriormente el IS (Estado Islámico), con brutales atentados en Madrid, Londres, Bali, Paris, Bruselas, Estambul, Toronto, y un largo etc a lo largo y ancho del planeta, corroboran el fin del modelo de seguridad aparente del siglo anterior, sobretodo en Occidente.

La crisis económica y financiera permanente. Por su parte el relato neoliberal del “Fin de la Historia” y la victoria total del capitalismo fue desmontado por sus propias mentiras, con la crisis financiera de 2008 del que todavía no nos hemos recuperado. De un plumazo, las clases medias, sobretodo de Occidente, perdieron buena parte de su riqueza y se les aplicaba la terapia de la “austeridad”, mientras los bancos y entidades financieras eran rescatadas. Tras casi una década, las clases medias ven como siguen empobrecidas o endeudadas mientras las élites políticas y empresariales siguen con las mismas dinámicas que nos llevaron al desastre. El 1er G-20 de la era post Lehman Brothers declaró la “Reforma del capitalismo” , pero una vez más, ha sido el capitalismo sin sensibilidad social el que reforma nuestras sociedades y somete a las instituciones.

La política autista. Como es lógico, no era posible que eclosionara el modelo de seguridad. el modelo económico y financiero, y que no lo hiciera la política. La incapacidad, parálisis y autismo de las Instituciones ha sido tal, que se ha ido cociendo bajo sus faldas el caldo de la indignación contra las élites, emergiendo movimientos y partidos populistas, radicales o xenófobos que son el instrumento de canalización de la indignación y rebelión contra los que gobiernan. Un movimiento que se ha hecho global: desde Filipinas con la elección del descerebrado de Tuarte, al auge del Frente Nacional en Francia, la xenofobia y autoritarismo de Orban en Hungría, la victoria de los ultraconservadores y antieropeos en Polonia, el Brexit en Reino Unido, la victoria de los conservadores agrarios en Lituania o la reciente victoria de Trump (por citar solo unos pocos).

En definitiva, que más que una sorpresa, en realidad no quisimos ver lo que venía. Vivíamos mejor en nuestra burbuja y zona de confort, intentando conservar los últimos rescoldos de los viejos buenos tiempos, mientras se cocía la indignación y la frustración colectiva. Nos hemos hecho trampas a nosotros mismos para creer que ganábamos  podemos perderlo todo. Pero lo importante no es lo que ha pasado, sino lo que haremos a partir de ahora, y las perspectivas no son muy halagüeñas. En Europa en el 2017 hay elecciones Presidenciales francesas y elecciones generales en Alemania, y mucho me temo que poco o nada se va a poder hacer. En España es de todos conocido como estamos. Perece que estamos condenados a la incompetencia y la mediocridad permanente y así nos va.

 

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