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La empresa en la era digital: colaborar o competir, susto o muerte

La adaptación de nuestras empresas a la economía digital, es un entorno económico radicalmente diferente al que conocíamos hasta ahora. Es un tsunami que nos acecha y que se mueve a la velocidad de la luz, y algunos no acaban de identificar ni entender todavía. Cambian las formas y las funciones de producción, los canales de distribución, los clientes, los mercados y los equipos humanos. Un nuevo paradigma que nos exige nuevas formas de dirigir y gestionar las organizaciones y en especial la forma en que se capta y mantiene el talento.

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Todavía hoy hay miles de empresas que no han reformulado su visión y estrategia de negocio a este nuevo necesario cambio de cultura corporativa y organizativa, de producción y de procesos en un entorno de innovación abierta. El Big Data está reconfigurando los negocios, transformando la organización interna y la arquitectura de las empresas. Se están deconstruyendo las tradicionales cadenas de valor de los negocios y asistimos a la paulatina desaparición de las otrora sacrosantas economías de escala. Ahora, casi todo se basa en la  intensificación de experiencias, ya seas cliente, consumidor, usuario o empleado.

Una de las consecuencias de la digitalización y de la robotización de la economía es que las compañías cada vez necesitan menos tamaño orgánico para producir, mantener o proveer sus productos y servicios. Se externalizan parte de sus procesos y servicios si los costes de transacción son más bajos. Hoy en día, tener colaboradores por todo el globo trabajando en red en un mismo proyecto, es relativamente eficiente y sencillo, pero emerge como gran reto  la captación y gestión del talento. Es probable que en futuro asistamos a una polarización empresarial en el que convivirán unas pocas grandes corporaciones con una gran red de empresas más pequeñas, especializadas y ágiles.

Y es que a medida que disminuyen los costes de transacción, el valor de los servicios aumenta, a la vez que disminuye el valor de los activos físicos, como demuestran los gigantes mundiales como Airbnb, Google o Neflix.  Lo que prima hoy es poner en valor las experiencias de usuario o las llamadas experiencias del cliente. Las empresas de éxito se enfocan principalmente en seducir al cliente, con formas de la economía colaborativa, ya que las fronteras entre empresa y clientes son porosas y la digitalización facilita la participación tanto de terceros como de los propios clientes y/o consumidores.

 

La creciente importancia de la seguridad

Uno de los grandes retos de muchas compañías es, identificar qué elementos son los que generan el valor decisivo, y por tanto afectan a la rentabilidad de su negocio, para protegerlos y potenciarlos. El resto se externaliza para reducir costes. Sin embargo, muchos olvidan que tanto o más importante que los costes, es garantizar la seguridad de los procesos para no perder competitividad e interoperabilidad, por lo que a veces es necesario mantener in house el control o los procesos de sus cadenas de valor.

La mayoría de empresas, especialmente las pymes, tienen ante sí el reto de redefinir tanto el negocio, como las fronteras del propio negocio, identificar las principales amenazas, e incluso hacer incursiones en los modelos de negocio de otros ya sean competidores o nuevos nichos de mercado. Ello requiere sin embargo, un modelo de gestión diferente, menos jerárquico, más autónomo y empoderador de personas y procesos, con nuevas formas, información e infraestructuras compartidas dentro y en las fronteras de la empresa. Las empresas ya no pueden gestionarse solo hacia adentro, tienen que establecer relaciones colaborativas con nuevas comunidades, en especial las de sus consumidores o usuarios, con formas más abiertas, transparentes y flexibles. Y es que nuestro entorno (los llamados stakeholders) quieren estar informando no solo de cómo producen sus productos y su uso final (producción y distribución), sino de quienes son y cómo gobiernan la empresa (Gobierno corporativo) la gestión interna de los trabajadores y colaboradores (Talent Engagement) y qué hacen con los beneficios (inversiones).

Así pues, toca mover las caderas, e incluso establecer relaciones colaborativas con otras instituciones y quizá incluso con su propia competencia para alcanzar nuevas economías de escala que ofrezcan  ofrecer productos, servicios y experiencias que de otro modo sería difícil desarrollar. Hoy la palabra clave es la “colaboración” más que la competencia, esto es, generar coaliciones que permitan la  innovación y la experimentación en alianzas flexibles sin perder la autonomía.

Así púes la economía digital es como la ley de la gravedad, no se puede luchar contra ella. Entre el tradicional refrán de “susto o muerte”, mejor susto y a transformarse que morir. Los éxitos de hoy y del pasado ya no garantizan ningún éxito en el futuro.

Foto: Voicendata.com
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