Gobiernos de coalición, el fab-lab para la gobernanza del s.XXI

España estrena por primera vez un Gobierno del Estado de coalición bajo el régimen constitucional de 1978. Un nuevo escenario que pone a prueba a la clase política española y que de momento se caracteriza por la polarización y la crispación. Un Gobierno formado por PSOE y UNIDAS PODEMOS, apoyado directa o indirectamente por partidos nacionalistas o regionalistas, abre una nueva etapa de la gobernabilidad del Estado. Una compleja pero apasionante tarea que constituye igualmente una oportunidad para innovar la enquilosada política española y sus instituciones anclada en los rituales y formas del s.XX cuando necesitamos formas de gobernanza para el s.XXI.

Gobierno de coalición, el fab-lab para una nueva gobernanza

Así, el nuevo Gobierno se enfrentan a dos grandes retos:

Por un lado, el Gobierno de coalición deberá mostrarse extremadamente eficiente para implementar el programa de gobierno acordado entre las dos formaciones políticas. Un gobierno que se estrena en un escenario de enorme complejidad y con un contexto internacional incierto y un crecimiento económico débil para implementar un programa de gobierno de corte socialdemócrata con el foco puesto en la política social y la recuperación de derechos. Igualmente deberá reconstruir el vínculo emocional entre la política, la economía y los ciudadanos para recuperar la credibilidad y confianza en la política y las instituciones. Para ello, deberá negociar cada iniciativa parlamentaria a muchas bandas y con una derecha y sus medios de comunicación hostiles proclamando la llegada del Apocalipsis que harán extremadamente difícil articular un relato de gobierno claro y nítido.

El nuevo gobierno tiene ante sí el reto de tangibilizar los avances y las reformas. Algo que requiere ir mucho más allá de la batalla de las narrativas y los relatos. Se necesita generar una nueva dinámica, un relato basado en una nueva épica y ética que se haga cargo del estado emocional de las personas y combata con ideas, acciones y resultados los discursos catastrofistas, simplistas y emocionales de la extrema derecha que están calando entre las clases media y populares en muchos barrios del país. La política es comunicación, pero es mucho más que comunicación. Requiere cartografiar los problemas y desplegar acciones concretas de forma efectiva para que tengan impacto en la vida diaria de la gente. Hay que visualizarlas, hacerlas tangibles y crear retratos y relatos de las comunidades y colectivos en proceso de cambio y transformación gracias a esas políticas.

Se trata de gobernar y conectar, desplegando una inteligencia política distribuida con iniciativas autónomas de proximidad pero conectas entre sí que de coherencia y sentido al conjunto. Ante las limitaciones parlamentarias de este nuevo Gobierno, se hace indispensable empoderar el espacio público como espacio de deliberación y acción implicando no solo a las instituciones del Estado, sino igualmente a las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos así como a las organizaciones económicas y sociales. Algo así como una gobernanza en red que despliegue diferentes acciones e historias pero con un metarelato único con visión de conjunto.

Por otro lado, y quizás el más más importante e innovador, tiene que ver con la construcción de una nueva cultura de gobierno. El nuevo ejecutivo tiene que aprender de los éxitos de la innovación social y constituirse en un fab-lab político que sea también diferente en la forma de gobernar. Un cambio de los sistemas jerárquicos verticales por otros más distribuidos y colaborativos. El primer Gobierno de coalición entre PSOE y UP, tiene ante sí el reto de demostrar que esto no es un experimento, sino una experiencia política innovadora en el nuevo tiempo de la política española. Un nuevo formato que bien puede ser el camino a seguir en este s.XXI. Esto es, diseñar nuevas formas, nuevas coherencias y mayorías, que permitan afrontar una nueva era de reformas de corte progresista para atacar los viejos y los nuevos retos a los que nos enfrentamos. Una tarea, sin embargo, en la que tienen que superar importantes obstáculos en el camino y en el que únicamente la buena fe no es suficiente.

El nuevo Gobierno necesita invertir en la construcción de la confianza y la lealtad necesarias entre los equipos para crear una verdadera cultura de Gobierno de la colaboración. Hay que evitar que los Ministerios sean “reinos de taifas” o departamentos estancos de uno u otro partido. No debemos tener un Gobierno con dos almas sino recombinar recursos y capacidades para crear funciones y significados nuevos que den coherencia y proyecten un liderazgo conjunto tanto hacia el seno del ejecutivo como hacia la sociedad. Este Gobierno no debe centrase únicamente en resolver problemas, tiene que dotarse de instrumentos y alianzas para pensar. Abrir nuevas posibilidades y proyectar nuevas políticas que generen una nueva ilusión colectiva para consolidar una mayoría progresista compleja, diversa y plural.

En definitiva, el Gobierno no debería ser solo de coalición, sino un verdadero ejecutivo de colaboración e innovación. Un equipo que sabe dejar atrás los roces del pasado para hacer una apuesta por la participación y corresponsabilidad de todos sus componentes y a todos los niveles, tejiendo la suficiente intensidad relacional entre sus miembros, así como invirtiendo en construir un sólido vínculo social. Tenemos la posibilidad de demostrar que es posible construir una nueva cultura política y una nueva gobernanza para el s.XXI. Ello requiere nuevas fórmulas de compromiso y lealtad, acción y comunicación. Gestionar la complejidad requiere inteligencia, generosidad, perseverancia y creatividad, pero es además de altamente enriquecedora muy necesaria.

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