5G, datos y ciudades: hacia una nueva gobernanza

La tecnología avanza a pasos agigantados y va a ser la protagonista de los procesos de disrupción política, económica y social de la nueva sociedad digital. Aquello que parecía hace apenas unos lustros ciencia ficción, empieza hoy a formar parte de nuestra vida cotidiana. Una de las tecnologías que estará plenamente operativa en muy poco tiempo y va a transformar todavía más nuestros entornos personales, sociales y profesionales va a ser el 5G.

El salto cualitativo y cuantitativo que va a suponer el tránsito del 4G al 5G será infinitamente mayor al que supuso el paso de las redes 3G a las redes 4G. La principal novedad es que, asociada a una mayor velocidad en la transmisión de datos, prácticamente en tiempo real, va a suponer la mejora de la latencia. Esto es, la disminución drástica del tiempo de respuesta al enviar o recibir datos, haciendo muy rápida y eficiente la conectividad e interconexión de dispositivos, y constituyendo el impulso definitivo para el llamado Internet de las Cosas (IoT). Todo ello junto con sistemas de análisis de datos masivos, Big Data, y la Inteligencia Artificial (IA) serán la base de la revolución industrial inteligente, Industria 4.0, así como de la eclosión definitiva de las ciudades inteligentes o smart cities.

El 5G viene a ser una revolución dentro de la ya per se imparable revolución o disrupción digital. La era de los datos constituye una gran oportunidad para generar un nuevo círculo virtuoso de crecimiento, aunque no está exento de importantes retos económicos, políticos y sociales que hay que afrontar y en el que las ciudades deben jugar un papel fundamental: La implantación de las redes 5G traerá consigo enormes posibilidades de crecimiento y nuevas oportunidades económicas. Según la consultora Accenture, su implantación contribuirá, solo en EE. UU, a la creación de 3 millones de nuevos puestos de trabajo, una inversión de 275 billones de dólares y un crecimiento del PIB de 500 billones de dólares.

Por su parte, un informe elaborado por la GSMA, organizadora del Mobile World Congress (MWC), el 5G aportará 1,94 billones —unos 2,2 billones de dólares— a la economía mundial en los próximos 15 años. Un impacto muy relevante, especialmente para algunos sectores que se beneficiarán de forma inmediata por la implantación del 5G, como la manufactura, los servicios públicos o los servicios profesionales y financieros, en el que aquellas ciudades con ecosistemas orientados a la economía digital serán más competitivas y las principales beneficiarias.

La llegada del 5G permitirá universalizar la implantación de sensores de todo tipo y, gracias a los mejores tiempos de respuesta de las redes, podrán enviar en tiempo real toda clase de información haciendo posible diseñar verdaderas ciudades inteligentes gracias a la comunicación M2M (máquina a máquina). El 5G mejorará la calidad de los servicios urbanos como la energía, la movilidad o permitirá diseñar modelos predictivos que pueden anticipar riesgos en el terreno de la seguridad y la lucha contra la delincuencia. Una nueva era de crecimiento y oportunidades. Incertidumbre y desconfianza. Si bien este crecimiento exponencial que nos ofrecen las nuevas tecnologías como el 5G creará nuevos nichos de empleo y oportunidades, generará igualmente una serie de externalidades negativas que puede potenciar las desigualdades económicas entre los grandes centros urbanos y zonas periféricas. Igualmente, puede generar nuevas brechas entre sectores económicos y sociales.

El despliegue del 5G, el IoT y la robótica no constituirá el fin del trabajo, pero hará que aquellos empleos caracterizados por la rutina o sin ningún valor añadido puedan ser sustituidos por máquinas, aumentando el sentimiento de vulnerabilidad y pérdida de confianza en el sistema. Una realidad que interpela a las ciudades a invertir en modelos de desarrollo económico que estimulen la innovación pero que sean igualmente justas e inclusivas. No se trata tanto de proteger los empleos obsoletos, como de ofrecer alternativas y formación a las personas para que sigan teniendo la oportunidad de trabajar. Para ello, serán necesarias nuevas formas de gobernanza y la confluencia entre políticas públicas, responsabilidad empresarial, participación ciudadana, inversiones sociales, reformas legales y los procesos de innovación tecnológica.

Uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos con el despliegue e impacto de tecnologías como el 5G, es la necesidad de garantizar la dimensión humana de la tecnología para ponerla al servicio del proyecto cívico de ciudad. El tecnodeterminismo y su afán por diseñar ciudades inteligentes, que cree que la tecnología es capaz por ella misma de incidir de manera directa y positiva en el desarrollo socioeconómico, no debería desviarnos del objetivo que nuestras urbes estén centradas en las personas y sus necesidades. Las tecnologías deben reforzar el espacio cívico, los lazos, las relaciones, las formas de participación, los derechos de la ciudadanía y la rendición de cuentas. El riesgo de monopolización de los datos por parte de las grandes empresas tecnológicas y la insuficiencia e incapacidad de los poderes políticos y de la gobernanza multilateral para controlarlas, nos interpela a afrontar el debate de la ética asociada al uso masivo y omnipresente de la tecnología.

Poner las tecnologías al servicio de las personas, requiere repensar nuestras ciudades para reenfocarlas hacia un nuevo humanismo tecnológico. Las ciudades tienen ante sí el reto de contribuir a diseñar nuevas coherencias. En la era del 5G y los datos, necesitamos una nueva gobernanza de la innovación como tarea compleja pero ineludible.

#ApuntesTecPol

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