Mapas, fronteras e identidad: la conectividad desborda la geografía

Se suele afirmar recurrentemente, que el paradigma del S.XXI es la digitalización. Es verdad que las nuevas tecnologías, con las TIC a la cabeza, la Inteligencia Artificial o el Big Data, están (re)evolucionando el mundo y cambiando la forma de producir, consumir y relacionarnos. Sin embargo, probablemente el cambio más disruptivo en el mundo de ayer y de hoy, es el que tiene que ver con la pérdida de centralidad de la geografía.

Tradicionalmente, los mapas y sus fronteras, las banderas y la identidad, eran los símbolos que mejor definían el mundo y la Comunidad en que nacíamos o vivíamos. Hoy sin embargo, la “conectividad” lo está cambiando todo. Asistimos a un largo cambio de rol de los Estados, con procesos de descentralización y agregación nuevos que están configurando nuevas geografías (como la Unión Europea), a la vez que se generan nuevas tensiones entre territorios (tensiones separatistas en Escocia o Catalunya). Pero unos y otros, están confrontados a los mismos retos globales: la naturaleza de la competición geopolítica del mundo de hoy, la competitividad y la sostenibilidad, no es tanto una lucha por definir las nuevas fronteras, sino una guerra por ganar la batalla de la conectividad.
La conectividad se ha convertido en el motor fundamental de la transformación del sistema global, cada vez más dinámico, volátil y por lo tanto más complejo. En el caso de España y el conflicto con Catalunya, es todavía más evidente y preocupante. Construir un proyecto de país ya no tiene sentido hacerlo únicamente en términos binarios (unionistas o independentistas), sino que hay que articular y construir nuevas coherencias más complejas que articulen diversas visiones y pertenencias. Los mapas y las fronteras, han sido siempre instrumentos para formatear identidades y el pensamiento colectivo promoviendo visiones nacionalistas. Las fronteras físicas o las dibujadas en los mapas que unos y otros defienden, están creadas para separarnos de “los otros”. Pero la realidad es tozuda, y los mapas más importantes hoy, no son los que contornean fronteras políticas, sino los mapas que representan las infraestructuras y la conectividad de nuestros territorios. Los mapas y la cartografía se han vuelto así vivos y dinámicos frente a las inmutables fronteras de antaño.
Así pues, la antigua premisa que proclamaba “la geografía como destino”, ha dado paso a “la conectividad como destino”. Vendría a ser algo así como: “dime con quien estás conectado y te diré quien eres”. Las infraestructuras, las cadenas de suministro y los nodos, han venido a convertirse en el recurso estratégico de los territorios, y la conectividad competitiva ha venido a sustituir –afortunadamente- las carreras armamentísticas del S.XX que tantas guerras y conflictos produjera. En el mundo de hoy, no hay mejor inversión en una sociedad, además de en educación, en conectividad e infraestructuras competitivas y eficientes. Éstas se han convertido en los fundamentos del progreso, la movilidad social y la resiliencia económica, social y cultural de nuestros territorios.
El profesor Parag Khanna, proclama en su brillante libro “Conectografía”, que el mundo está empezando a parecerse a internet. Yo discrepo de eso, el mundo es todavía hoy plural y diverso y la conectividad global dista mucho de ser mayoritaria, pero es evidente que la geografía funcional está cobrando cada vez más importancia frente a la geografía política. Las infraestructuras conectivas atraviesan y desbordan las fronteras, ya sean estas soberanas o imaginadas, y no hay mayor poder hoy en día que una potente conectividad global. El territorio ha dejado así de ser, en buena medida, la base en la que se sustenta el poder. La conectividad, los datos y las cadenas de suministro, son las armas más potentes para gestionar una nueva forma de poder e influencia. Empresas como Amazon, Google, Apple, Alibaba, Inditex y muchas otras muchas grandes compañías del mundo, tienen hoy infinitamente más poder que la mayoría de Estados soberanos del mundo. Su poder radica precisamente, en su penetración global gracias a la conectividad y sus impresionantes cadenas de globales, ya sean físicas o virtuales.
Así pues, pensemos menos en términos de territorios, banderas o identidades, para ser capaces de construir nuevas coherencias y nuevas oportunidades colectivas basadas en la cooperación y en las redes. Al contrario de lo que muchos piensan, lejos de debilitar nuestros territorios o culturas, nos ofrece nuevas oportunidades para construir, compartir y seducir a los otros. Pero atención, en un proceso de intercambio y confrontación de ideas, el riesgo también radica en que nos seduzcan a nosotros.
Foto: Internetya

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